Uno de los momentos más especiales del verano es ese atardecer junto al mar, en una terraza, cuando el sol ya casi se ha puesto. Con el mar de fondo, y esa copa de vino blanco frío, aromático, que es el preludio de una noche inolvidable.

Decir verano es decir mar, playa, terraza, amigos… y vino blanco.

El Mediterráneo es tierra de vinos, sobre todo de vinos blancos. Variedades como la Sauvignon Blanc, la moscatel de Alejandría y la Macabeo se han cultivado en bancales, laderas y parcelas a orillas del mar, en la zona sobre todo de Alicante y Valencia, desde hace generaciones.

La Sauvignon Blanc, originaria de Francia, encontró su lugar en el Mediterráneo, adaptándose muy bien al terreno seco y el clima cálido. Los vinos de Sauvignon Blanc son elegantes y equilibrados.

Traída de Asia probablemente por los griegos o fenicios, la moscatel de Alejandría es una de las variedades más extendidas y reconocidas del Mediterráneo. Su vino es oloroso, profundamente afrutado, fresco y dulce.

La Macabeo es una variedad blanca autóctona. Se cultiva principalmente en Alicante, a ambas orillas del rio Vinalopó. Sus caldos son frescos, aromáticos, con notas florales y de fruta blanca.

El Mediterráneo ofrece a la vid principalmente un terreno arcilloso, con escasa humedad y temperaturas elevadas que favorecen la maduración de unas uvas sabrosas y dulces.

Este es un factor que conoce bien, Bodegas y Viñedos Venta la Vega…… y que aprovechan a la perfección para elaborar uno de sus vinos blancos, 100% Suavignon Blanc, La Entrada P7, que da nombre a la parcela de donde procede.

Resulta perfecto como aperitivo, o para acompañar un pescado blanco, marisco o un entrante suave a base de verduras. También resultará delicioso como acompañamento de quesos tiernos.

El Mediterráneo es una tierra de contrastes, cuna de culturas milenarias y fuente de creatividad para artistas de todo el mundo. El vino criado a la vera del mar Mediterráneo, bebe de esa cultura y forma parte de ella, hasta el punto que no se entienden el uno, sin la otra.

En las bodegas Casa Corredor se inspiraron en ese crisol único de culturas que han ido haciendo del Mediterráneo una tierra generosa, innovadora, apasionada. El resultado fue Sensum 2, elaborado con Macabeo y Moscatel. Un vino afrutado, con notas de flores blancas y que en boca resulta fresco y sedoso.

Es ideal con entrantes ligeros, embutidos y quesos. También para acompañar a un buen arroz seco marinero o pescados a la brasa. Y los más osados lo encontrarán sorprendente en combinación con aves en cazuela o asadas.

Mención aparte, dentro las cepas blancas cultivadas en el Mediterráneo, merece la una Riesling. Originaria de Alemania, su capacidad de adaptación ha logrado que una vid preparada para el frío y la humedad se adaptara al terreno mediterraneo ofreciendo un resultado en cuanto a rendimiento y sabor muy diferente.

Bodegas Monóvar supo ver el potencial de la uva Riesling y se aventuró a trabajarla. El fruto de su innovación es el vino blanco Riesling seco. Afrutado, ligero y con leve aroma a flores blancas, laurel y manzana verde.

Maridarlo no entraña complejidad ya que funciona a la perfección con entrantes fríos y sopas. También con guisos de pescado y elaboraciones especiadas de carnes. Es también perfecto para acompañar platos salados, por lo que con entrantes a base de ahumados, salazones y encurtidos, será un éxito seguro.

El Mediterráneo es una tierra de tradición y memoria, que conserva constumbres ancestrales. Donde conviven los restos de un pasado brillante con un los primeros avances de un futuro prometedor.

Honrando la memoria de una tierra vinculada a la producción de vino desde siempre, las bodegas Casa Corredor han elaborado el vino rosado Alagú Rosé 100% Forcallat.

La variedad Forcallat era una uva muy extendida en la Comunidad Valenciana que dejó de cultivarse para dar paso a otras variedades más productivas. Ahora, esos cultivos autóctonos se están recuperando, lo que nos permite disfrutar un vino floral, con notas de frutas rojas, equilibrado y persistente.

Entrantes calientes, sopas y estofados son aliados perfectos de este vino ligero, pero que denota intensidad. Perfecto con quesos curados, embutidos y platos de cuchara. También con asados de aves o cerdo.

Los vinos mediterraneos nos ofrecen un universo de sabor lleno de matices sutiles, frutales, aromáticos. Y su frescura y ligereza los convierten en los compañeros ideales del verano.

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