En MGWines contamos con el mayor parque de barricas de Fondillón que hay en el mundo y ya que es uno de nuestros vinos mejor valorados y con DOP (Denominación de Origen Protegida), aprovechamos para contaros su historia y ahondar sobre cómo es su elaboración y conservación en tonel (lo que se conoce como barrica).

El Fondillón requiere un envejecimiento mínimo de diez años en toneles de roble y es uno de los pocos vino del mundo con nombre propio y además, esta protegido y reconocido por la Unión Europeo como uno de los “vinos de lujo europeos”, categoría compartida con otros vinos de Burdeos, Jerez y Oporto.

Cada región vinícola del mundo tiene su propia barrica o tonel de crianza. Mientras que las barricas de Burdeos, Jerez y Oporto tienen una capacidad de 225, 699 y 630 litros respectivamente, el tonel (la forma culta de nombrarlo) de nuestro Fondillón tiene una capacidad de 1.732,50 litros.

La historia del tonel del Fondillón

El tamaño del tonel donde envejece nuestro Fondillón tiene una explicación. Y es que desde tiempos inmemoriales, los boteros alicantinos construyeron los toneles utilizando una magnitud medieval llamada cànter ó cántaro, muy antigua y previa, por supuesto, al sistema métrico decimal que medía 11,55 litros. De ahí que este tonel tenga dicha medida.

Los toneles más comunes solían tener 150 cántaros aunque también se fabricaban en menor cuantía de 125 cántaros, norantenos de 90, vuitantenos de 80 y sixantenos de 60.

El tonel se construía con roble americano procedente de Canadá y del norte de Estados Unidos y una vez acabado, se transportaba en la cubierta de los barcos pesqueros que llegaban al puerto de Alicante procedentes del Mar del Norte con sus bodegas llenas de bacalao, alimento que durante varios siglos sirvió para alimentar a los pobres.

(FOTO TONEL)

A base de ingenio, fuego y golpes, los boteros de Alicante, Monóvar, Villena y demás pueblos, cortaban y doblaban las tablas de madera y les iban dando forma convexa con el fin de hacer el contorno del tonel.

La “panza” de éste se volvía hermética a base de presión y se les ponía una tira de la planta enea que hacía de junta natural. Para que un tonel se considerara de calidad, debía tener unas duelas (así es como se conoce a la madera de las barricas) de 1,50 pulgadas de grosor (3,81 cm) y 5 cèrcols (aros) de hierro a cada lado.

En el argot bodeguero recibían los nombres de testa, coleto, corbatero, panxa i panxut. Comúnmente se conoce como cabeza, cuello, corbatero, panza y panzudo.

El tonel era un envase estático y siempre se utilizaba para criar los vinos y antaño, también se usaba para fermentar. Para transportar el vino al puerto se utilizaban otros tamaños menores como las pipas y bocoyes, todos ellos hechos de madera de castaño.

Nuestro enólogo Rafael Poveda, asegura (y nosotros reiteramos sus palabras) que los mejores Fondillones duermen hoy en día en toneles centenarios celosamente guardados y esperan ser degustados en los grandes momentos de la vida.

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