Cuentan los expertos que estos toneles se construían a partir del roble canadiense y norteamericano que llegaba en la cubierta de los barcos bacaladeros que pescaban en el mar del norte y volvían cuando tenían las bodegas llenas de pescado.

Al regresa a sus ciudades de origen, cargaban grandes troncos que depositaban en los puertos de Cartagena, Alicante y Valencia. El roble americano- canadiense para los toneles era muy apreciado, principalmente por sus propiedades tan características puesto que no tenía nudos y su malla estructural era continua y recta a diferencia del roble europeo que tenía nudos y mallas discontinuas.

En esta época los toneleros monoveros estandarizaron sus toneles en un tamaño ideal de 150 cántaros para su trabajo y aprovechamiento de la materia prima, usando la medida tradicional del cántaro, equivalente a 11,55 litros, como magnitud de construcción.

En este sentido la primera operación que se realizaba en las tonelerías era secar en la medida de lo posible la madera, poniéndola en techados sin paredes para que el viento hiciera el trabajo sin que la lluvia pudiera mojarla.

Pasado un tiempo, estas maderas se preparaban con una escuadra de menos de 90 grados que dejara los lados con la inclinación pertinente. Después se formaba un cono de piezas con un aro en la testa y otro a mitad de los toneles para que éstas pudieran doblarse y convertirse en duelas, para ello se encendía el fuego con unas virutas de roble.

Al mismo tiempo con un torno se iba aprisionando la parte baja del cono hasta doblar plenamente las duelas. A la mañana siguiente el tonelero hacía un hendido en la punta de las duelas para que el fondo del tonel encajara a la perfección.

Antiguos toneles del Fondillón de Monovar de Alicante
Fuente imagen: cholasarjones.blogspot.com.es

Los aros se preparaban a continuación. Los buenos toneles tenían 5 aros de hierro con dos remaches cada uno, éstos se llaman: Testa, Cuello, Corbatero, Panza y Panzudo. Finalmente se hacia el agujero de llenado en una duela de la panza y la canilla o estaca de vaciado en la parte baja de uno de los mejores fondos.

Se trataba de toneles grandes y robustos, imponentes, en los que el vino madura y se conserva en las condiciones más óptimas para su consumo. Al verlos, no es difícil echar la vista atrás para plantearnos cómo sería su construcción hace más de 100 años.

Una fabricación dura y laboriosa para unos toneles que no estaban hechos para el transporte, sino diseñados para la crianza de vinos generosos, permaneciendo en reposo en bodegas como Monóvar. Reinos en calma en los que acunar en su interior grandes vinos enriquecidos con el paso del tiempo como el Fondillón.

Los toneles monoveros en los que duerme y fermenta el Fondillón de MGWines acumulan más de 100 años de historia. Una historia intensa y fructífera que ha dado lugar, generación tras generación a unos caldos únicos de reconocimiento mundial.

Y es que el Fondillón es un vino generoso que requiere de toneles muy viejos donde la evolución oxidativa se realice durante años sin que los aromas de roble nuevo interfieran en el vino.

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